16 Oct MEDIAR CON NIÑ@S Y ADOLESCENTES

Loreto Reyna Carrascosa
Mediadora y Abogada Colaborativa.
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La intervención de los niños, niñas y adolescentes en las mediaciones de divorcios, separaciones o modificaciones de medidas de sus progenitores es, no sólo una herramienta extraordinariamente útil para el mediador si no, sobre todo, un derecho de la infancia y la adolescencia que todos debemos garantizar.
Debemos recordar que el derecho de los niños, niñas y adolescentes a ser escuchados ya fue reconocido en la Convención de los derechos del niño de 20 de noviembre de 1989 (https://www.ohchr.org/es/instruments-mechanisms/instruments/convention-rights-child) , en la Ley Orgánica 1/1996, de 15 de enero, de protección jurídica del menor https://www.boe.es/buscar/act.php?id=BOE-A-1996-1069 y, más recientemente, en la Ley Orgánica 8/2021, de 4 de junio, de protección integral a la infancia y la adolescencia frente a la violencia (https://www.boe.es/buscar/doc.php?id=BOE-A-2021-9347)
Tanto estos mandatos legislativos como las actuales y numerosas iniciativas de asociaciones de profesionales del Derecho reclamando una especialización de la Justicia en materia de familia que favorezca la intervención de niños, niñas y adolescentes en los procesos judiciales que les afectan, me hacen preguntarme: ¿por qué no favorecer y practicar más este tipo de intervenciones también en mediación? ¿por qué si en la mediación prima la escucha a las partes implicadas en un conflicto, no incluimos a toda la familia?
Pero es que, además de un derecho de la infancia y la adolescencia, la intervención de los hijos puede ayudar al mediador en distintos aspectos:
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- contribuyendo a rebajar el nivel de conflicto entre los progenitores
- aportando mucha información “de primera mano” y otro punto de vista sobre la situación familiar
- y, por último, siendo el mejor “agente de realidad” posible para unos padres que deben tomar decisiones fundamentales sobre la vida de sus hijos
Por otro lado, las utilidades que aporta este tipo de mediación para la familia en este delicado momento de su vida son, entre otras:
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- reducir la tensión entre los progenitores o entre alguno de ellos y sus hijos
- aprendizaje para la familia en su conjunto en cuanto a la resolución de futuros conflictos
- aprendizaje para los niños, niñas y adolescentes en cuanto a las vías de gestionar conflictos cuando sean adultos
- toma de mejores decisiones para toda la familia
No podemos olvidar, sin embargo, que, para mediar con niños, niñas y adolescentes, debemos tener en cuenta algunas premisas:
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- interés superior del menor por encima de cualquier otra cuestión
- no asumir un rol distinto al de mediador (“quitarnos el sombrero” de padre/madre, terapeuta, abogado…)
- dar espacio y voz al menor, pero sin otorgarle el poder ni cargarle con la responsabilidad de la toma de decisiones
- tener en cuenta algunas peculiaridades en relación, por ejemplo, a la voluntariedad (aceptación del menor y consentimiento de ambos progenitores a su participación) o a la confidencialidad (especialmente si hay sesiones individuales con los hijos y surgen informaciones que impliquen situaciones de riesgo para ellos)
Por todo ello, os animo a dar voz a la infancia y adolescencia en la mediación, haciéndolo de forma responsable, formada e informada, adecuada a las necesidades de los menores y atendiendo siempre a su superior interés.
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