13 Mar MEDIACIONES EFICACEZ: CONECTANDO CON LA GENERACIÓN Z

Fedra Salvador Fernández
Trabajadora Social en el ejercicio libre, Mediadora Familiar y educativa, directora de MEDIADOS en Asturias
ESTRATEGIAS PARA MEDIADORES, CONSEJOS PARENTALES
Estoy segura que la mayor parte de las personas que me están leyendo ahora mismo recuerdan su propia adolescencia, con más o menos nostalgia, pero recuerdan su disconformidad con la hora impuesta de llegada a casa, las diferentes formas de vestir que hemos probado durante esa etapa (hippies, modelo ejecutivo, modelo Spice Girl muy de moda por aquellos años..) y recordamos lo que pensaban nuestras familias con tanto cambio, o lo que pensaban de nuestras formas de disfrutar de nuestro tiempo libre y nuestras amistades.
Perdonadme en mi reflexión personal, pero no es muy diferente a lo que yo ahora pueda pensar a mis 45 años de la generación de adolescentes actuales que incluye a mis hijas y a los hijos de muchos de mis clientes en las sesiones de mediación o coordinación de parentalidad que suelo atender.
Sí que hay una gran diferencia, y es lo mucho que nos cuesta comprenderles en esta etapa que les toca vivir. Y es que no es lo mismo tener 15 años en el año 1995 que tener 15 años en un siglo diferente, en el año 2023. Cuando mi generación (rebelde siempre con causa) pensaba en sus estudios, había un claro objetivo detrás: estar mejor preparados que nuestros padres, y más aún que nuestros abuelos, para encontrar el trabajo de nuestra vida, y probablemente el único en el que íbamos a trabajar por vocación hasta jubilarnos. Como mucho podíamos cambiar de empresa, pero no tanto de rama laboral.
Ahora los adolescentes llevan encima el gran mito de la generación de Cristal. Pensamos que a estos jóvenes todo les afecta. Y no es así. Lo que pasa es que ya no toleran las condiciones laborales abusivas que impiden conciliar, ya no viven para trabajar sino que trabajan para vivir, ahora priorizan su propio bienestar, sus momentos de ocio y deporte, cuidan su salud de forma consciente, y sobre todo priorizan su salud mental por encima de cualquier trabajo que pueda afectarles. Y gracias a esa “inconformista” visión del mundo laboral se han ganado la etiqueta de generación de Cristal.
Su concepción diferente respecto al trabajo y a las diversas formas de vida (menos estandarizadas y homogéneas que en nuestra adolescencia), nos impide ver las cualidades de la generación digital por excelencia. Mientras que nuestros padres han sido analógicos (y de ahí sus grandes barreras en la tercera edad para adaptarse a tanta digitalización), nosotros los y las cuarentañeras y cincuentones hemos crecido en un mundo analógico en la niñez, para aprender en la vida adulta el enfoque digital de la sociedad. Nos hemos acostumbrado a ese cambio.
Nuestros jóvenes, que nacieron con el Internet por todas partes, aprendieron a ser multitarea (reciben información por varias fuentes a la vez) y de ahí que les cueste más concentrarse, eso sí, son los grandes generadores de contenidos en las redes sociales de las que también nosotros nos nutrimos y usamos para entretenernos. ¿Quién no se ha pasado un buen rato viendo vídeos en Tik Tok o Instagram? Culpables todos. Y gracias a ellos que dominan las redes sociales como su principal medio de comunicación. Puede que no vean la tele, pero consumen vía Streaming series y grandes producciones y programas.
Su capacidad para involucrarse en los problemas sociales supera a la nuestra a su misma edad, les importa más la política, el voluntariados, las injusticas y la violencia, y el planeta en el que viven. Eso sí, ya son la generación que será más pobre que nosotros en su futuro (peores sueldos y más dificultades para acceder a su propia vivienda)
Una generación que lo tiene todo lo que necesita, ahora se desmarca priorizando las emociones y la salud mental. Conviven con la ansiedad ya que viven rodeados de noticias pesimistas: el mundo se acaba, da igual lo que estudies que no hay trabajo, vive a tope por si acaso vuelve la pandemia o un cataclismo, y si es todo antes de los 20 mejor, no vaya a ser…son hijos de un mundo en conflicto y esa presión les pasa factura. La diferencia entre lo que desean ser de adultos a lo que realmente pueden ser por las circunstancias que les toca vivir, hace que crezcan entre crisis, que no puedan emanciparse por una precariedad estructural y su futuro se vislumbre incierto.
¿Qué podemos hacer para ayudarles en su paso de la infancia a la vida adulta pasando por la adolescencia?
Lo primero tener empatía, comprender que su cerebro en la adolescencia se prepara para asumir las consecuencias de sus actos, ya que neuronalmente están cambiando, pero para ello necesita experimentar, equivocarse, practicar, tener problemas, analizar soluciones y aprender de los errores, no más que hemos hecho todas las personas adultas, y seguimos haciendo.
Debemos entablar conversaciones con los y las adolescentes de forma natural, sin parecer que les hablamos como a niños o como a extraterrestres. Son personas, nuestros hijos o los hijos de nuestros clientes, no debemos tener miedo a preguntarles. Tener una conversación uno al lado del otro en lugar de “enfrentarnos” a hablar. Comentar los temas de cada día, las noticias de cada día y pedirles su opinión al respecto para ayudarles a desarrollar el pensamiento y la empatía también a ellos y conocerles mejor. Pasar de temas genéricos a personalizarlos en el o la adolescente. “¿Y si te pasara a ti, qué harías?”
Si quieres saber de esta fantástica generación, debes abrirte tú primero, que te conozcan en tus fallos y tus experiencias, que vean tu imperfección. Escúchales de verdad, no tengas prisa, eso se nota, lo notan, no lo hagas por hacer, tómate tu tiempo y deja que vean que te importa su respuesta. Anímales a responder, usa la broma para animarles a dialogar. Eso sí, busca el momento perfecto, no lo hagas el día que tiene que estudiar para un examen porque a ti te viene bien, hazlo el día que te diga “me gustaría hablarte de una cosa”. ¡¡¡Corre!!! ¡Déjalo todo y ponte a hablar con él o con ella!! Es una oportunidad de oro, y después, agradécele haber confiado en ti, haber querido dialogar y que te gustaría repetirlo.
La adolescencia es una etapa de descontrol total: su cuerpo cambia de dimensiones sin permiso, sus neuronas se transforman, de pronto tienen nuevas estructuras neuronales, sienten todo en exceso, su voz les cambia, sus amistades también porque empiezan a saber de quién les gusta rodearse…quieren conocerse y que les ayudes a ello. NO quieren sermones, pero sí saber a qué atenerse. Saber dónde está el límite y practicarán las consecuencias de saltárselo un sábado tras otro. Hasta que aprendan a negociar, o a aceptar lo que es su bienestar.
Asume que tú ya no eres el centro de su vida, y deja que otras personas les ayuden a madurar y crecer, deja que sus amistades, profesores y otras personas adultas sean sus referentes. Déjales que se equivoquen y confía en ellos. Si les dejas claro que pase lo que pase tú estarás ahí para recoger sus miguitas cuando lo pasen mal o lo quieran celebrar, lo harán. Volverán a su sitio seguro que es su hogar. No intentes ser su amigo o amiga, ya tienen de eso. Lo que no tienen es sustitutos para la figura parental. No les dejes huérfanos antes de tiempo.
Ten paciencia, recárgala cada día, enséñales cómo lo haces tú para que ellos aprendan. Si has leído mil y un libros sobre bebés y la infancia, debes leer también sobre este viaje que es la adolescencia. Tu ejemplo, y da igual que sean tus hijos e hijas o los de tus clientes, tu ejemplo puede marcar el camino a seguir para esta generación Z.
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